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martes, 12 de diciembre de 2023

Dadme alcohol.Tributo a Leaving Las Vegas

 

Imagen de Michelle Bryant en Pixabay.
 

Aunque pienses que mi única solución está en la muerte, allá a dónde quiera que vaya seguiré, eternamente, bebiendo. Consecuentemente, borracho. No concibo ni mi vida ni mi muerte sin él. No concibo un arte que sea más bonito como el de emborracharse. Desde su inicio: abrir la botella; hasta el final: tragar hasta caer tendido. Todo un simple arte en el que cualquier mortal puede ser un gran maestro.
Dadme alcohol mientras aún me quede aliento porque si no, allá dónde vaya, vivo o muerto, me buscaré la vida, pactaré con el Diablo si hace falta, venderé lo que quede de mi alma, hasta conseguirlo.
¿Crees que lo hago por necesidad? ¿Por qué dependo de él? Te equivocas. Lo hago por que quiero, lo deseo y por que me da la gana. Es mi placer.
No derrames lágrimas amargas por mí, vacía botellas de exquisito y dulce alcohol hasta que puedas. Es lo que deseo.
Igual que tú necesitas el aire para vivir yo necesito alcohol para no morir.
Igual que tu disfrutas haciendo deporte yo disfruto tambaleándome, cayéndome, levantándome del suelo. Si puedo. Y si no, que más me da.
Igual que tu necesitas tu mente abierta, despejada y la clarividencia yo necesito el caos, la disfunción de mi mente, el dolor posterior y sus efectos.
Crees que hago el ridículo tirado en el suelo derramando mis babas mientras la cabeza me da vueltas y vueltas. Te digo, a ti que te importa. No concibo ni mi vida ni mi muerte sin él. ¿No lo has entendido aún?
¿Quieres saber más sobre mi único deseo? Bebe y sígueme. Las palabras, los actos, de un borracho te lo harán entender.
Su llamada es tan intensa que nadie puede pararla excepto yo, bebiendo y bebiendo hasta acallarla. Y cuando bebo, oigo como un susurro que se desliza en mis oídos sus últimas palabras confirmando nuestra unión y consiguiendo ese único trofeo: la embriaguez.
No caigas en la pretensión de ser mi salvador. No lo necesito. No te necesito.
No intentes detenerme pues evitarás mi único deseo y si pretendes quitármelo obtendrás un enemigo. Así que déjame en paz y déjame disfrutar del néctar de los dioses. Unos dioses conscientes de lo que hacían, de lo que hago, de sus deseos, de mis deseos, que me comprenden y que entienden cómo me siento.
Igual que Adán probó la manzana y perdió el Edén yo probé el alcohol y gané el Paraíso. Si, ese Paraíso extático, difuso, abstracto, doblado, compuesto por el sinsentido y con un único camino y definición: el alcoholismo.
Me emociono al ver la botella, se me eriza el vello al ver el hielo, mis lágrimas se derraman sobre las mejillas al ver el vaso lleno, y para mi mayor satisfacción, una creciente emoción inunda mi cuerpo al deslizarse su dúctil masa por mi garganta. Dadme alcohol. Quiero más. No demores más la entrega.
Para acabar, igual que termino toda botella llena como si fuera una promesa, yo te pregunto, ¿en que te basas para medir mi felicidad? Yo me baso en la cantidad de alcohol que tengo en mis manos. ¿Sabes tú medir tu felicidad? Creo que no.
¿Aún quieres saber más sobre mi único deseo?

 

Leaving Las Vegas - Nunca me pidas que deje de beber...

 


domingo, 19 de noviembre de 2023

Las Zapatillas.

 

Las estuve mirando un buen rato. Eran de una marca destacada, excelente para hacer deporte. Su logo era una original figura que destacaba en la parte trasera. Ese modelo, su diseño, me encantaba. Para hacerlas más personales, quise cambiarles los cordones. Elegí unos verde fluorescente. Destacaban sobre la totalidad de su color negro. Creo que esa mezcla de colores indicaba algo de mi personalidad. Solo hubo un problema: su talla. No se vendían en tiendas físicas. Al comprarlas online no me las había podido probar. Eché de suerte y pedí mi número. En mi primera carrera, noté que rozaban el dedo. Venderlas de segunda mano, no pasó por mi cabeza. Tenían una pequeña raspadura hecha por una roca en aquel primer día de prueba. La política de devoluciones de la tienda lo decía bien claro. Ya habían sido usadas. Al final, decidí hacer mi pequeña contribución. Fui al centro social de la ciudad y las entregué, con su caja. Me atreví a mostrarles la factura. Me miraron extrañados. Eran nuevas.

Yussamba había abandonado su país por causas que solo él sabía. En el centro de detención de inmigrantes, en su ficha, constaba “perseguido político”. Había nacido cerca de la frontera. Conocía dos idiomas. Eso le daba posibilidades. Hijo de pastores, había abandonado su familia para conocer mundo. Llegó a la ciudad. Allí, se buscó la vida hasta que recogió lo que pudo y como pudo. Le ofrecieron el “Nuevo Mundo”. Se lanzó al mar. Rescatados por un buque de carga fueron entregados a las autoridades. En Europa, visitó varios países. Desde entonces, hacía tiempo que se encontraba deambulando por el nuestro. Había estado en varias ciudades. Los ingresos a sus celdas eran como una ritualidad, una rutina. Su último abogado le había aconsejado pasar desapercibido durante un tiempo. La próxima, entraría en prisión. Él, pasaba el día como podía. Estaba acostumbrado a comer una vez al día. Los servicios sociales, comedores, albergues y otros lugares eran, muchas veces, su fuente de manutención. Tenía que dormir en la calle o ocupar casas viejas. El dinero, era otro tema. Así, pasaban sus días. Hoy, en el centro social, le habían enseñado unas zapatillas de deporte. Parecían nuevas. Tenían una pequeña raspadura. No le gustaron sus cordones. Eran de un color que destacaba mucho sobre el negro. Si tenía ocasión, los cambiaría por unos negros. Se las llevó puestas. Le sentaban perfectamente.

Se me hizo tarde. Estaba un poco mareado. Había bebido demasiado. La fiesta, había durado demasiado. Decidí dejar el coche e ir a pie. Me iría bien el aire fresco de la noche. Tampoco estaba tan lejos. Iría por el parque. Cortaría camino. Caminando, vi dos sombras sentadas en el respaldo de uno de los bancos. Una de ellas giró su cabeza. Miraba fijamente hacia mí. Escuché unas risas. Se burlaban de mi forma de andar, supongo. Llegué a su altura. Fui abordado. Aquella mirada, no me había abandonado en todo momento. Me pidió la hora. El reloj, herencia de mi padre, era de saetas. Diseño vintage. Solo lo utilizaba para las fiestas de compromiso. No veía muy bien. Dudé por un momento. Intentaba descifrar la hora. Noté un agarrón. Luego un tirón. Se abrió su cierre y desapareció de mi muñeca. ¡El reloj! Lo miré fijamente. Enfurecí. Noté otro brazo rodeando mi garganta. Luego, algo que parecía pinchar mi barriga mientras intentaba liberarme. Una fuerza me tiró al suelo. Comenzó el registro: chaqueta y pantalones. Perdí la energía. Caía saliva de mi boca. Mi mirada se mantenía firme. Los ojos se me habían quedado clavados. Las pupilas querían luz. Las vi. Las tenía delante moviéndose nerviosamente. Eran negras y con los cordones verde fluorescente. Su logo, una figura. Aquella figura. Un recuerdo, luego, una exclamación en mi mente: ¡mis zapatillas! Me entró frío. Notaba las sacudidas del registro. Inconsciente, me encontró una pareja que hacía footing a primera hora de la mañana. De no ser por ellos, igual hubiese muerto. En el hospital, me informaron de varias heridas de arma blanca. No habían tocado ningún órgano. Suerte. En el interrogatorio policial solo pude facilitar una descripción general, trivial e insustancial de los individuos. Como característica principal: zapatos negros con cordones verde fluorescente y una figura en la parte posterior.

Ante la pregunta de si los reconocería. Al menos unos, afirmé rotundamente. El del reloj, no se me quitaba de la cabeza. Su cara, grabada en mi mente. El día del juicio lo llevaron maniatado. Era el mismo del reconocimiento fotográfico. Era el mismo que me había asaltado. Era el mismo que aún llevaba las zapatillas. Habían sido mis zapatillas. Las mismas. Del reloj, nada se supo. Mi abogado me informó que Yussamba tenía una orden reciente de la Interpol. Se buscaba por delito de sangre. Tenía antecedentes por robo con fuerza, lesiones y otros hechos menores. Iría a prisión, irónicamente, con mis zapatillas de deporte. Las mismas que le delataron. Las mismas que se utilizaron para robar mi recuerdo y pincharme. Ahora, muchas dudas y preguntas sin respuesta rondan por mi cabeza.

martes, 18 de junio de 2013

Amputació d'un membre.



Senyores i senyors, m’han tallat lo moixó!!! Si, si, aquella cosa lletxa i arrugada que penja flàccida i morta entre les cames, comparada alguns cops amb el nas d’algun, que sols s’aixeca quan s’anima o és animada i baixa un cop acabada la faena. Si home..., o dona millor dit, aquella cosa que és coneguda per tants i tants noms catalans i castellans com boques hi ha per a dir-los: la titola -la tita per als xiquets-, la polla, lo penis, la fava, lo capgròs, lo germanet, lo nano, lo “nabo”, lo “rabo”, la pixa, lo calb, el terror de les nenes, lo pirulí, lo cogombre, “Black & Decker”, la “tranca”, la “minga”, lo “cipote”, la verga, lo plàtan, lo fal.lus, lo tort, lo “terminator”, lo xicotet, la tercera cama, el pal, la trompa –segons llargària-, el moixó... Encara en voleu més per a saber de què parlo??? Aquella cosa que alegra a més d’una; a més d’una la fa embogir; alguna en té vàries que li ronden entre les cames, i més d’una pagaria i mataria per tenir la més grossa entre les seves mans. Ep!!! I alguna se la menjaria sense cap mirament si no fora perquè el seu propietari sempre té un ull i casi tots els sentits en alerta para dir-li: això es xucla, però no es menja. Ara, ja sabeu de què parlo. El que no sabeu és com va ser la desgraciada pèrdua. Perquè això no vol perdreu ningú!!! Si no, pregunteu-li a les dones. Bé, no a totes. Ni ha que la volen perdre de vista pel fastig que li fa el penjoll aquell envoltat de pèl que pareix la columna vertebral d’un sac de boles que l’acompanya i que s’empalma, furiós, marcant vena i múscul advertint el preludi d’alguna cosa que elles ja coneixen com s’acabarà. N’hi ha que no la volen ni veure degut a la seva simbologia i a les seves creences. I, n’hi ha, que com no n’han vist mai cap, diuen que elles “passen”, que ja estan bé com estan i qui vulgui una estona de plaer, que se la sacsi. Què hem de fer!!! No saben lo que es perden.
I de pèrdua parlaré. Vaig a la penosa història de la pèrdua més lamentable que he tingut en ma vida.
La nit era boja. Conegué a una noia que el seus ulls em deien que em devorarien les íntimes part que estan amagades i que, com he dit abans, un protegeix amb tots els seus esforços.
Discoteca, ballarugues, beguda de la bona i... al final, morrejades boges amb lluita de llengües. No sé qui va guanyar però al cap d’una estona estàvem a casa d’ella, despullats, i fen coses que no vos podeu imaginar. Li agradava fer aquella cosa que vulgarment s’anomena sexe. Jo, més bé, diria art. Fins i tot, va voler jugar. Corria darrera ella amb el membre “ert com un tito” mirant aquelles galtes d’un cul voluptuós que em provocava, que em cridava, que m’animava a agafar-lo i fer-lo malbé fins que un estrany soroll, fora dels provocats per la mateixa persecució, crits i exclamacions, va irrompre aquella cacera. Ho vaig identificar com sorolls de claus obrint una porta. Mirà jo cap allà, i de cop vaig veure el cos d’un fornit mascle de mandíbula marcada, cap rapat i cèrcol platejat que penjava del seu nas. «Ai, mare!!!», em digué. Em veure’m tal i com ma mare en va portar al món, els seu ulls s’obriren i es tornaren d’un roig infernal. Li sortia baba per la boca de la ràbia i crec que també li sortia fum del cap. Llançà tot lo que portava a les mans amb un únic objectiu: agafar-me. Para què, ja vos ho podeu imaginar. M’estava tirant a la seva dona, núvia o lo que fos en aquells moments. «Collons!!!», vaig exclamar en veure aquell bou –mai més ben dit- que venia cap a mi amb clares intencions de fotre’m d’hòsties fins al carnet d’identitat. «Au, mano, que ve a per tu!!!» L’única opció de fugida, la tapava ell feia uns instants. Em tenia que dirigir cap allí. Corrents –ara era ell qui m’acaçava-, fem un cercle de tres-cents seixanta graus, fins que trencà pel dret, saltant pel sofà i, quan jo anava a sortir per la porta, victoriós, es llançà i s’agafà a l’única cosa que encara penjava recta com un junc. Tenia totes les de perdre, estava clar. Em vaig agafar als bastiments de la porta, sense fer molta força clar, i vaig tirar cap a fora intentant fugir, intentant que el soltés, el meu membre viril, agafat per les seves rasposes mans. Trobo que es va fer més llarg del que ja era –els qui el coneixien, íntims amics meus, clar, el van batejar com “la mànega”, pel llarg i gros que era-. Jo, vaig bramar del dolor, i el fill de puta aquell, s’adonà que tenia una opció per a la venjança. Agafà amb la mà lliure la porta i la tancà amb tota la ràbia que portava dintre. Recordo un soroll sec esmorteït per alguna cosa esponjosa i un crit esgarrifós que sortí de la meva boca.  Aquell moixonot va volar cap un altre lloc allunyant-se del seu niu, deixant els dos ous sense la seva escalfor, vigilància i protecció. Tingueren la decència de cridar l’ambulància, suposo que per insistència d’ella i una mica de compassió d’ell –tot home sap lo que pot ser perdre la titola-, sinó hauria mort dessagnat.
Així el vaig perdre i així vos ho dic, per llevar-vos fosques intencions, de fer-ho en dones casades, si és que les teniu. Abans, pregunteu el seu estat i, si no ho teniu clar, deixeu-ho anar que n’hi ha moltes, de bones i llustroses, i que segur no vos costarà, tenir una relació amb elles, l’amputació d’un membre.

martes, 14 de febrero de 2012

Micro conte de Sant Valentí 2012.

On jo veig amor, tu veus odi.
On jo veig carícies, tu veus raspadures.
On jo veig acord, tu veus desavinença.
On jo veig desig, tu veus apatia.
On jo veig encant, tu veus desencant.
On jo veig rosa, tu veus morat.
On jo veig felicitat, tu veus tristor.
On jo veig estimació, tu veus aversió.
On jo veig sinceritat, tu veus falsedat.
On jo veig dolçor, tu veus amargor.
Tot i això... ¡Feliç Dia dels Enamorats!
Cari..., què ens està passant?

jueves, 26 de enero de 2012

Microrelato: Futuro Salarial.

En un futuro laboral en el que el trabajador trabaja todo el día a cambio de comida -un trozo de pan, bebida, carne o pescado y algo de fruta- el Gobierno, Patronal y Sindicatos están reunidos desde hace días en un destacado hotel de lujo debatiendo una nueva ley: la Ley Onza.  El problema es que no hay acuerdo entre las partes ya que a unos les parece demasiado rebajar la barra de pan de 250 g. una onza, que equivale a 28.7 g, y dejarla en 221.3 g. Otros, en cambio, aunque a la ley se la haya denominado simbólicamente "Onza" no están de acuerdo y pretenden rebajarla un poco más debido a las crisis de cereales.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Oscuridad de la Habitación.

El interruptor le da paso a la oscuridad y un reino de terror planea por la habitación para instalarse lentamente entre las cuatro paredes. Tinieblas negras, infiernos sulfúreos, abismos oscuros cubren mi cama. Penetran por debajo, lo empapan todo de su olor, de su color. Es terrorífico.
Mi fin está próximo. No es un sueño, es la realidad. Nada puedo hacer.
Almas, espíritus, seres malignos, alguien planea por mi habitación intentando abalanzarse sobre mi cuerpo, apoderarse de mí. Todo cambia en mi ser, la alerta es máxima, el miedo impresionante. Tienen el poder.
Yo, intento resistir debajo de la frágil sabana que nada puede hacer contra esos monstruosos seres de fuego demoníaco con olor a azufre.
Oigo pasos. Se dirigen hacia aquí.
Ellos se dispersan de aquí para allá moviendo sus alas con fuerza, poniendo sus rabos en alerta, babeando bilis que gotean de sus colmillos. Desaparecen.
Alguien abre la puerta. Abren la luz.
¡Es mi madre!
Ahora no tienen el poder. Ya nada pueden hacer contra esa fuerza brutal. Representa el bien. Es mi Diosa protectora.
Se dirige hacia mí. Me besa y lanza un mensaje que detiene todo mal, toda fuerza oscura, toda ocasión de hacerme daño.
“Buenas noches. Duerme bien. Tu padre y yo te protegemos.”
Ahora tengo la fuerza, tengo el poder, lo sé. Sé que ahora no se atreverán a meterse conmigo, aun mi corta edad.
Se va. Cierra la luz.
Estoy más tranquilo.
Nadie aparece.
La Diosa ha vuelto a vencer a esos seres que vienen todas las noches, cuando me acuesto. Pero me pregunto: ¿Cuándo desaparecerán? No sé. ¿Mañana quizá?...

martes, 11 de octubre de 2011

El Camí del Guerrer: Lluites Internes.

Sóc un guerrer. Em trobo en una lluita constant. No em debato entre la vida o la mort sinó entre la subsistència o no. Subsistir com a guerrer, no com a home, amb tot lo que implica. 
D'això parlo. 
Em trobo en un debat intern. Què he de fer, continuar o parar? Seguir entrenant la meva tècnica o desprendrem d'ella i posar en pràctica els coneixements adquirits a base d'anys d'ensenyances del mestre? He d'enfrontar-me a l'enemic? Quants? Un, deu, cent... He de posar en pràctica les tècniques però... seguir entrenant-les? Si o no, és aquesta la qüestió. 
Oblidar-ho tot i deixar que flueixin pel cos. Que surtin, que brotin inesperadament al moment adequat. Desprendrem de tot, deia el mestre. Però, per a n'això encara necessito dedicar-hi més temps? Ho desconec. 
Poleixo l'aspro del meu sable mentre miro la seva relluent ànima d'acer. Frego els meus punys amb olis calmants i, per últim, em preparo per marxar sap Déu on. Buscaré el meu destí, ell em respondrà les preguntes. Mentrestant, els temps passarà i jo, com a guerrer que sóc, intentaré que aquesta lluita interna no desestabilitzi la meva tècnica. Lo demés, el temps ho dirà.


viernes, 20 de mayo de 2011

Mensaje en una botella.


Hoy, buscando entre la arena de la playa he encontrado una botella. La he levantado y, a contra luz, he mirado en su interior. Dentro se podía divisar un trozo de pergamino. La he abierto cuidadosamente para no estropear el trozo de tela. Desplegado el pergamino, he podido leer el siguiente mensaje, al parecer, escrito con manos temblorosas:
           
            Si mis fuerzas y mi memoria no me fallan, hoy es el día del Señor 20 de julio de 1.683. Soy un náufrago que está en verdaderos apuros por lo siguiente y que intentaré redactar brevemente.
            Reina Isabel, mi galera, zarpó desde el puerto de Sevilla hacia las Américas el 6 de junio de 1682. Tras meses de navegación, divisada la costa, una tormenta nos hizo una desagradable visita lo que llevó al capitán a realizar tremendas maniobras para que la nave no perdiese su rumbo. Por lo visto, falló en sus cálculos y, con vientos huracanados, abundante lluvia y fuerte marea nos perdimos por la inmensidad del Océano hasta estrellarnos contra escollos de algún islote que aparecieron de la nada. Todo se perdió en un instante.
De pequeño, mi padre, siempre me había llevado con él. El mar era nuestro medio de vida y subsistencia. Con él aprendí a nadar y gracias a él y a sus enseñanzas salvé mi vida.
Desperté en las dulces aguas de una pequeña playa de una isla que desconozco su nombre y su posición geográfica. Por el momento, estoy vivo gracias a Dios.
Durante estos largos días mi dieta ha sido y es muy variopinta. Primero, algunos alimentos que llegaron embalados hasta la playa. Después, plantas que creía que eran comestibles. Y ahora, fruta y más fruta. Mi preocupación primordial es mantener mi vida hasta que alguien venga a por mí, un anhelo que no se hace realidad desde ya hace más de un año, y una empresa que parece tiene los días contados. Sin nada con qué poder fabricar algún utensilio que sirva para la pesca o la caza, la fruta se acaba y con ella mi vida, si Dios no lo impide.
Si alguien encuentra esta botella y con ella este mensaje por Dios pido que ponga la máxima diligencia en localizar mi posición, cosa que sé es difícil de llevar a cabo pues no hay rastro o vestigio alguno que pueda indicarle dónde estoy con exactitud.
Así que dejo en manos del azar, pero confiando con la compasión de Dios Todopoderoso, el destino de esta botella la cual será lanzada al mar para que sea encontrada por piadoso capitán de barco que al leer estas letras, apiadado de mi situación, venga en mi búsqueda.

Releo una y otra vez este mensaje mientras mis lágrimas se derraman lentamente por mis mejillas. La decepción invade mi cuerpo. Ahora sé que no hay salvación alguna. Hace meses que lance esta botella al mar pensando que alguien la encontraría. Las aguas me la han devuelto para dejar bien claro que mi destino está en esta isla. Y seguramente mi muerte. Subsisto con una escasa dieta basada en agua, tallos de hierbas y algún que otro insecto mientras que animales que podrían servir como sabroso manjar para mi vacío estómago se mofan de mí mientras observan cómo recolecto la misma clase de hierbas que ellos eligen para formar su pitanza diaria. Mis fuerzas menguan cada día y mi energía desaparece entre la piel y el hueso de mi exánime cuerpo. La botella y su mensaje eran mi única esperanza.
No tardaré en morir.

domingo, 1 de mayo de 2011

Dia de la Madre 2011. Recuerdos de nuestra primera relación.

Madre, ¿te acuerdas de nuestra primera vez? Para ti, era la primera vez que eras madre. Para mi, era la primera vez que venía a este nuevo y desconocido mundo. 
Salí llorando, ¿lo recuerdas? Tus gritos, me asustaron, pero lo que más miedo me dio fue perder ese lugar tan especial e íntimo que compartíamos los dos. Estaba tan bien allí dentro. Tu calor, tu amor, tu voz, tus deseos, tus temores, tus alegrías, tus penas, lo compartíamos todo como si fuéramos un único ser. No pedías nada a cambio. Solo que naciera. Yo, desconocía lo que era. Hasta que un día..., esa brusca separación, por eso lloré desgarradoramente. No quería perderte. No quería marchar de allí. Era mi lugar. El espacio secreto en el cual estábamos tú y yo. Nadie más. Yo, no quería perderte, pero me alejaba de allí impulsado por una descomunal fuerza que parecía querer alejarme de ti. Desgarrar tu cuerpo para separarme de ti. 
¡El miedo a no oírte nunca más!
Lo consiguió. 
Era lo que tú me pedías constantemente y yo tenía miedo abandonar ese seguro lugar. Era nuestro íntimo espacio.
La luz me confundió. ¿Dónde estaba? ¿Me había perdido? 
¡Esas voces! ¿De quién eran? ¿Quienes eran? ¿Dónde estaba mi madre?
Desconcertado, pensaba que te había perdido. Hasta que te vi. Me acercaron a tus brazo y vi a mi diosa. Tu cara, tu rostro, sabes que era desconocido para mí. 
Valió la pena alejarme de allí. Valió la pena conocer, ver, por primera vez, el rostro de mi madre, el rostro de la mujer que me había llevado en su vientre durante tantos días. El rostro de la mujer que había aguantado, soportado, sufrido tanto para que yo naciera. 
El nuevo mundo me regalo tu mirada. Me cogiste. Me tranquilizaste y me besaste y me acariciaste y me amaste. ¡Para siempre! Tu incondicional amor. Nunca lo perdiste.
Te acuerdas. Fue el comienzo de nuestra relación. 
Esos, son los recuerdos de nuestra primera relación. Recuerdos que se perderán en el interior de mi cabeza una vez yo me haga grande. 
En cambio tú... ¡Nunca los perderás!

sábado, 26 de febrero de 2011

L'Any de la Picassó. Raonaments d'un infaust pensador.

Com assaltat per una endimoniada plaga d'urticària, pico tot. 
Em pica tot el cos com descarada reacció a les fluctuacions que neixen diàriament als meus voltants. 
Aquest any l'anomenaré, com un inequívoc visionari que profetitza a l'estil d'un Nostradamus modern , l'Any de la Picassó. El temps, em domarà la raó. O no.
Els savis rics alemanys demanen més joves titulats per a què acudeixin a treballar al país de les oportunitats, de les promeses, el que dóna enveja, el que lliga als gossos amb llonganissa, al país que no els defraudarà, capdavanter de l'Europa mustia, envellida, de vegades cega i algun cop delirant.
Aquí, els joves, la dona, el germà, el cosí, l'oncle... tots estan a l'atur atrapats en un bucle que no té fi, del que no s'extreu  un duro, del que no surt faena i que no saben, els qui l'empenyen, cap a quin sentit ha de girar. Dreta o esquerra? Tant hi fa.
Pel darrera em demanen que treballi més i que cobri menys. M'ho demana gent que guanya molt i perd poc i això em fa bullir la sang. Serà la causa de la meva picassó?
Pel davant em pugen els preus, els més solvents i amb més clients, motivant que tenen pèrdues. Ajudem-los o els ho cauran els maons al cap!!
La Xina és el model productiu i econòmic a seguir!! Fotrem el camp!! -em criden a l'orella com a treballador sord que sóc.
Crec que tinc una caparra enganxada a l'esquena que en xucla la sang i em deixarà quan li faci pena.
Per tota això em pica l'esquena i me la rasco amb prou faena.
Les cames em fan figa de tant treball dur i em diuen que encara sóc jove, que aguanti fins als 67, 68, 69... Fins la mort!!
Diu que no hi haurà prou gent cotitzant per aguantar la mamella de la jubilació.
Diu que al pujar l'envelliment, haurem cotitzat menys anys treballant que pas estarem en la jubilació.
La mamella de l'Estat, que dóna llet al qui la necessita però també al fart. 
Ja n'hi ha prou golosos impetuosos que voleu deixar-la seca!! Acabareu amb ella. I amb la vedella.
I jo em pregunto: que no hi haurà ma d'obra per contractar? Som milers de milions de persones amb ganes de faena!!! Volem faena!!! -cridaran els del darrera. I els que vindran.
Em rasco tot perquè en cou l'esquena, em vull la sang i se m'infla la vena.
Més que picar-me les cames, les tinc condolides de tant d'esforç, però també de pena. 
Dels setze que treballo: de guixaire, forner, pagès, mecànic, carnisser, administratiu, municipal...  i no veig que s'acabi bé el meu final.
Per tota això em piquen les cames i me les rasco amb ganes.
"Spain is different", diria un americà gord i llustrós com a representant pur del consumidor capitalista consumit pel seu propi consum. 
Què els ho va bé als reis de la palla? Mira't la teva espatlla, amic, veuràs la mort amb la dalla.  
I per últim, el món musulmà ha despertat del seu letargi sumís a una figura que representava una emmascarada dictadura, irrespectuosa, devoradora que espletava el país amb impunitat plena dilapidant fortuna i poble.
Ara, vist el resultat, diuen els governants estrangers que són uns dictadors. Si ja ho eren!! -deia l'oprimit poble.
Volen més democràcia, llibertat, més treball. Aquest és el seu lema mentre puja el petroli gràcies al seus moviments dirigits per la valentia, unió i al crit de revolució. Passió perillosa. Lluita noble. 
I jo, mentre pico tot i em rasco com un boig desesperat, tot això que passa, ho trobo estrany. 
Què i qui hi ha al darrera? 
Mentre m'ho pregunto em pica el cap i me'l rasco com un babau sense extreure cap claredat.
El temps dirà, i a lo millor amb prou faena, què era lo que portava tota aquesta cadena. Llibertat, democràcia o lladronici, autocràcia i algun que altre dilema que va quedar amagat darrera alguna esquena, amb panxa ampla i mitja lluna com emblema.

lunes, 24 de enero de 2011

Espíritus Guerreros IV.

En mi vida anterior, debí traicionar a mis amigos porque siempre me he encontrado completamente solo en este mundo bélico. Los únicos que me acompañaban, sin flaquear sin decaer, eran los malditos espectros agonizantes que querían verme morir y luego disfrutar de su victoria final. Saborear su venganza.
¿Debe ser una maldición? ¿O uno encuentra lo que busca? Lo de estar solo, digo.
Me apartaba de amistades. Posiblemente era mi ego personal que engrandecía a medida que ganaba más en técnicas y astucias… y combates.  La muerte de mis enemigos hacía engrandecerme, pero no como persona, sino como militar, y al final como asesino. En una lid a dos, buscaba ganar y matar y con ello la soledad, y es lo que he encontrado: aislamiento y separación.
Me temían, y los que pretendían ser mis amigos, tenían causa oculta.
Mi sable era lo único que no me abandonaba, ni me traicionaba.
Y de traición he de hablaros y también de victoria sin esfuerzo.
Al llegar a la ciudad, la única que me dio calor y cobijo fue una mujer. Estaba solo y herido. Mi último combate se cobró algún trozo de mi cuerpo. Abatido, sobre mi caballo, llegué a una lujosa posada de la ciudad -siempre elegía la mejor pues nunca me ha faltado la plata-.
Malherido y desanimado pedí comida, aguardiente, habitación, baño de sales y mujer salvaje que tuviera conocimientos en las varias disciplinas médicas que existen para curar a un hombre.
Y me la enviaron. Una joven hembra española de ojos castaños, cabello negro y tez aceitunada. Fiera por fuera, salvaje por dentro.
Y consiguió que me calmaran todas mis heridas: corpóreas, espirituales y varoniles.
Pero también consiguió lo que nadie, en el campo de batalla, había conseguido: matarme.
La muy hija de una meretriz sarracena a las que Dios castiga por ser infieles y aunque ésta no era hija de moros, más bien española de pura raza, conocía quién era yo y lo que alguno era capaz de pagar por mi muerte.
Bajé la guardia, al ver aquel cuerpo desnudo, inocente, frágil. ¿Quién no? Cómo me engatusó, no lo sé, pero que juraría ante Dios que cuerpo como ese nunca había visto, lo doy por seguro.
Cabalgando como amazona encima de potro salvaje, hechizado por sus movimientos, no vi su daga mortal que, aprovechando el descuido, el gozo y el placer, clavó en mi pecho furtivamente.
Risas y carcajadas oí a mi alrededor. Mis compañeros los malditos ancestros, aquellos que deseaban mi muerte con toda la fuerza que un espíritu puede ejercer, se burlaban de mí al ver como una furcia mal nacida había conseguido lo que tantos nobles hombres no habían podido conseguir mostrando su mejor destreza con el sable.
Morí desangrado, desnudo, encima de la cama y con los ojos entornados mirando al infinito. Tretas, reveses, mandobles, paradas, nada sirvió contra ella. Ganó la batalla y con ello la guerra sin conocer el arte de la espada.
Entregó mi cuerpo a cambio de oro.
Mi alma, se la llevaron hacia el Averno. Había de pagar deudas.
Mi sable, se perdió en manos del mejor postor para ser revendido por su gran fama de mortal acero asesino.
Y así, termina la historia. Mí historia. La historia de un espíritu guerrero solitario que, por buscar compañía en momentos de flaqueza, encontró la muerte dada por bella mujer. Una que le ofreció lo que siempre había anhelado: compañía, sosiego, paz y amor. 
Deseos difíciles de conseguir en este mundo bélico.

martes, 11 de enero de 2011

Visita de Papa Noel en La Rápita.


!La Navidad es maravillosa! 
Algunos niños y niñas dicen que no existe Papa Noel. 
Mirad este vídeo y veréis como sí existe y la oportunidad que tuvimos al poderle filmar, aunque sea por unos instantes.


Esto sucedió en una pequeña casita de campo en la localidad de San Carlos de la Rápita (Tarragona), a la que la llamanos "La Casota", y en dónde toda nuestra familia estaba celebrando la Noche Buena de 2010. 
¡Menuda sorpresa tuvieron nuestros pequeños!
Así que ya lo sabéis: ¡portaos bien durante todo el año!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Espíritus Guerreros III.

Vienen hacia mí.
Él y su sable son uno, bonito ejemplo de su armonía, habilidad y destreza.
Un destello del brillo de su hoja ilumina mi retina, y yo, como si de un tigre salvaje se tratara, me sobrepongo a las adversidades e influencias que imponen las heridas a mi cuerpo y reacciono con gran velocidad.
Detengo su ataque mortal.
Son estas situaciones las que hacen de mí ser como soy: un guerrero sobreviviente. Lacero mis carnes al pedirles más velocidad y con un molinete* arremeto contra él.
Oigo el crepitar de las hojas y hierbas secas al ser pisoteadas por nuestros pies.
La riña se vuelve violenta.
Estoy cansado, exánime… ¡Exangüe! más bien diría.
Siempre luchando. ¿Cuándo acabará?
Los borbollones de las heridas derramando sangre han hecho que mi cuerpo entre en el indeseado marasmo de la perlesía, pero yo, en medio de la batalla, inhalo este aire puro que nos envuelve hasta llenar mis pulmones, a punto de la explosión. Me concentro en mi escasa energía y, de ella, aprovecho el máximo para pelear contra mi enemigo. Es lo que aprendí en tierras extranjeras: la concentración y la respiración son tan vitales para tan ardua empresa como es la guerra como la propia valentía.
El ímpetu surge espontáneo de mi cuerpo. Una fuerza conocida es empujada des del más profundo y recóndito lugar de mi interior.
El espíritu guerrero, nunca abandona.
Ahora, es como si renaciera. Es como si surgiera victorioso de una profunda ciénaga que se apoderaba de él y le impedía salir y deshacerse de ese viscoso y pegajoso fango.
Con viveza*, arremeto con un revés* y rasgo sus carnes.
Me mira sorprendido.
Llega mi hora.
Las caras… los rostros de los espectros se transforman. Sus risas y sus chanzas ahora se vuelven diatribas contra mí. Descontentos, gimen y se desplazan con gran nerviosismo por el sofocante y caluroso espacio. Le animan a seguir, a no abandonar.
Inicio un agresivo ataque y elevo el sable a un plano superior que le hace retroceder. Realizo un amago hacia su izquierda. Él, me ataca. Desvió su sable utilizando mi mejor treta: la garatusa.
He señoreado su espada, penetrando en su descuidado espacio vital, hiriéndole de estocada en el pecho por la parte de afuera.
¡Ja! La ha reconocido. Aunque tarde. Me sorprende su descuido.
Ahora desprende, y huelo, otro olor diferente al del sudor. Es su miedo.
Mi excitación aumenta. Es el momento de poner fin a la contienda.
Aprovecho su desconcierto y ataco a pie firme*.
Sinceramente, he utilizado mis escasas fuerzas. ¡Si él lo supiera! Pero he conseguido, con buen tino, acertar su cuerpo.
Mi acero queda clavado en el centro de su pecho partiéndole el esternón.
Sus ojos, inyectados de sangre, abiertos en desmesura, me miran fijamente.
¿Creía tener la batalla ganada? Seguramente.
Los espectros, han desaparecido. Volverán otro día, seguro, cuando yo, otra vez, caiga en flaqueza y desgracia.
Aún está vivo.
He de recriminarle su indecorosa acción llevada a traición como si de un vil villano se tratara. Y aunque se merece de todos mis respetos, por su forma de luchar -ha conseguido herirme como nadie-, la traición es la vileza más grande, de la que un maestro de esgrima debe apartarse si quiere mantener su reputación y honor. Para ello ya están las tretas y los engaños en el arte de la esgrima y el más reputado esgrimista sabe cuándo y cómo utilizarlas.
Le susurro al oído palabras mordaces, siendo cáustico en mi crítica personal. Muere azorado mientras me escucha.
Se desploma.
La hierba seca absorbe su sangre mientras él queda tendido.
No tendrá un digno entierro.
Llamo a mi fiel caballo. Él, ahora, es de vital importancia. Ha de llevarme a la próxima ciudad. Mis heridas no perdonarán ninguna dilación y demora. Mi cuerpo, necesita reparo.
Trato de sobrevivir en un mundo bélico, a veces descabellado, y éstas, mis heridas, son los pagos que por dicha gracia, la subsistencia, un ser divino o diabólico, no lo sé, me impone.
Hasta que se cansará y me requerirá para redimir finalmente mis pecados o pasar cuentas.


Glosario:

Molinete: Movimiento circular que se hace con la lanza, el sable, etc., alrededor de la cabeza, para defenderse a sí mismo y a su caballo de los golpes del enemigo.
Viveza: Es unir lo físico a lo moral para hacer un solo movimiento en el despliegue.
Revés: Golpe que se da con la espada diagonalmente, partiendo de izquierda a derecha.
Atacar a pie firme: Tirar una estocada en el mismo sitio de la posición de la guardia al desplegarse.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Espíritus Guerreros II.

La carne tierna ha cedido ante la brutal dentellada que su afilado acero me ha proporcionado subrepticiamente.
Con un dolor lacerante, caigo de mi montura.
Los espíritus de mis enemigos se mofan al verme herido. Son espectros que deambulan de aquí para allá, persiguiéndome. Ahora, observarán la batalla. Yo, aguantaré sus risas. Soportaré sus insultos.
Esperan mi derrota.
Intentaré defraudarles, aunque mi final sea el mismo: el infierno.
Me alzo, desenfundo mi sable y me pongo en guardia. El frío espíritu de acero de mi noble arma me da fuerzas.
Paso al ataque. Merece castigo por su traidora celada.
Trazo la hoja de mi sable por un espacio denso, húmedo, dirigiéndolo hacia su cuerpo.
Hace mucho calor. El Sol, abrasa.
Corto el aire espeso y, con una fina caricia, realizo un pequeño giro que pasa inadvertido para mi enemigo. Hundo el filo de la punta, zambulléndose en los pliegos de su ropa y, aunque pienso en mi sorprendente y rápida victoria, sus movimientos me afirman que no he acertado ni a tocar sus carnes.
Comienza el choque chispeante de hierros guiados por dos figuras abstractas, con paraje verdoso como fondo, que hacen muestras de sus molinetes, fintas y contras en un compás que parece ser pactado para llevar el acertado ritmo de un enfurecido baile peleón.
La contienda tiene que cerrarse con el lacre ensangrentado de su derrota, aun lo difícil que, seguro, me lo pondrá. Lo doy por cierto.
Es un maestro de la esgrima como yo, seguro, su técnica lo delata. Pero su maestría se ha visto enturbiada por dos errores. Aunque preparó una buena emboscada, su fracaso fue debido al no saber elegir hora y terreno, puntos a tener en cuenta en toda lucha. La indiferencia* de este terreno ha hecho que quedemos atrapados. No hay escapatoria posible. El final es incuestionable: sólo uno saldrá con vida.
¿La rendición? Posiblemente, aunque no lo creo. Ha venido a obtener la victoria a toda costa. Y con ello, la fama.
En cuanto a la hora, si hubiese elegido el atardecer se hubiese encontrado con el Sol a su favor. Debido a mi posición, el Sol cegaba sus pupilas por eso el error cometido en el ataque. Aunque me hirió gravemente.
Dos puntos que han actuado a mi favor. He de aprovecharlos.
De todos modos, él, ha hecho la elección del paraje y del momento. Si hubiese elegido yo, ahora marcharía tranquilamente hacia mi destino.
Desprecio toda lucha si no es por algo honorable. Ganar a un maestro, ¿eso tiene honor? Honroso es salvar a una damisela… a sus hijos. Honroso es luchar por una gran causa. Honroso es sobrevivir a este mundo. Pero ganar fama y batirse contra otro amante de la esgrima, eso es traicionar nuestros principios. Aquí, gana la vanidad y el ego, nada más. Si por mí fuera, le daría la victoria, pero no se la merece. Me ha atacado a traición y eso lo pagará caro.
Decido mis pasos al ver sus movimientos.
Le sorprendo con un compás trepidante* cortando el círculo que intenta hacerme con pasos cortos y rápidos para ganar mejor posición. Realizo una treta de llamada* lo que aprovecha para lanzarme una estocada. Desvío su acero con una treta de manotada* y acierto en sus carnes.
Paso por su costado mirándole de reojo. Está herido. Es leve. No descuida su defensa.
Vuelve al ataque, ahora enfurecido, ahora endemoniado, lo veo en su rostro el cual contiene una expresión de desafío.
Utilizará su mejor treta. Seguro.
Con una parada detengo su embate.
Dibuja una leve sonrisa traviesa, lo que me delata que he caído en un error.
Maniobra con su empuñadura y separa mi hierro. Realiza un cuarto de conversión* y con una extraña pero sutil artimaña surgida de una fantástica creación rasga parte de mi costado.
Letalmente herido, me desplomo quedándome en genuflexión como si le mostrará mis respetos, en señal de reverencia por su acierto.
Defenderé mi vida hasta que no quede posibilidad alguna de sobrevivir. No sé si lo sabe, pero en breve lo verá.
Sólo una vez estaré en este mundo. He de extinguirme por viejo y no por desacierto. He de ser capaz, como tantas veces, por desgracia, de mantener el temple y saber salir de esta situación.
De las heridas brota incesantemente cálida sangre, lo que enerva mi cuerpo. Las fuerzas me fallan y mi mente se pregunta si podré salir de ésta. Cargo el peso de mi cuerpo en la rodilla que se hunde entre las hierbas mientras mi respiración se vuelve profunda, angosta.
¡Vienen a por mí!
Me encomiendo a Dios por si está es la última vez y le pregunto: ¿ya ha llegado mi hora?


Glosario:

Indiferente: Aquel en que uno puede quedar encerrado junto con el enemigo. Sun Tzu. El arte de la guerra.
Compás trepidante: El que se da por las líneas que llaman infinitas.
Línea infinita: La recta y tajante al círculo de la planta geométrica.
Treta de llamada: La que se emplea amagando un golpe distinto del que se piensa dar, y descubriéndose para incitar al contrario a que ataque.
Treta de manotada: Aquella que el diestro, valiéndose de la mano izquierda, separa rápidamente la espada del contrario, para herirle sin riesgo.
Cuarto de conversión: Movimiento que se hace girando hasta una cuarta parte del círculo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Espíritus Guerreros I.

Imagen Extraída de: http://www.veu.ua.es


Un viento desabrido del norte da extrañas formas a mi cabello mientras efluvios de miedo, desesperación, incluso de respeto, podría decir, cabalgando por el aire gélido penetran por mi nariz. Son los hombres que me rodean lo que hace que mis sentidos estén al máximo. Nada los perturbará. Nada interferirá en mi concentración.
Presento mi sable y miro fijamente su hoja. Reluce. Sus destellos invaden mis pupilas dándome confianza. Es un acero que vive por la lucha. Es un acero que se alimenta de la muerte. Es un acero que responde a mis peticiones sin pedir nada a cambio más que el cuidado de su filo. Es un acero forjado exclusivamente para hombres guerreros, maestros de la esgrima.
Escucho el fino sonido de un fugaz movimiento que delata que alguien comienza el ataque. La espalda es mi punto flaco. Lo saben. Me demuestran que me temen y que quieren terminar pronto; y con las mínimas bajas, por eso la irrupción traidora.
Relajado, muevo mi cuerpo temerariamente hacia un espacio que considero óptimo y realizo un giro sobre mi eje para finalizar con un compás extraño*. Clavo la pierna trasera y lanzo un corte transversal, forzado, guiado por la cadera, que hace reclinar a mi oponente al cortarle su abdominal.
Con un movimiento de reducción*, dejo mi guardia en el centro, a la espera. Mirando al cielo, detengo mi ímpetu combatiente para oír su respuesta.
Nada vale la pena. Nada tiene sentido. Nada ocupa mis pensamientos. El vacío se expande por mi mente.
Sobrevivir.
Es por lo único que lucho.
Cae un hierro recto en tajo diagonal al que le dedico tan leve oscilación de mi cuerpo que puedo ver la amenazante punta pasar por delante de mi rostro.
Se detiene el tiempo. Se detiene el espacio. Puedo notar el glorioso floreo* impregnado por un poderoso brazo guía, el cual, al ver el error, lo transforma, lentamente, en turbación para pasar posteriormente al de decepción y finalizar sumergido en el terror al darse cuenta de su fatídico desacierto.
Le confirmo su sospecha clavándole mi sable en sus entrañas con una estocada de puño*.
El espliego baila al son de la música de ritmo desacompasado que le impone el gregal y su aroma invade todo mi cuerpo haciéndome estremecer.
Saber que todo lo puedo perder. Saber que pueden desaparecer estas sensaciones me hace ser más precavido. Mi vida depende de mi técnica.
Permanezco a la espera de un nuevo ataque deseando que sea el último. Que abandonen su propósito, es lo único que anhelo.
Mantengo la guardia, relajo mi cuerpo, hundo mi corazón, y aunque parezca extraño, lamento sus muertes.
Mi respiración es profunda.
Oigo el batir de unas alas. Son una pareja… Tórtolas o palomas seguramente. Reconozco su velocidad y el sonido característico de su aleteo. Me emociono, son  el símbolo de la paz. Pasan por detrás a una buena velocidad y se pierden en la profundidad del bosque. Algo bello en estos deprimentes y tensos momentos. 
Ahora, llega otra verdad. Chocan los aceros.
Maniobro hacia su izquierda y ataco. Esquiva el corte con paso atrás. Hundo mi hierro en su pecho aun con el gusto del amargo acíbar que deja la muerte en mi paladar.
El alma de mi sable se empapa de sangre. El calor de aquel cuerpo empaña su brillo, pero él sale satisfecho cortando músculos y huesos mientras le exijo velocidad.
Otro implacable acero alcanza mi brazo izquierdo hiriendo mi cuerpo, zahiriendo mi espíritu. Es el precio que he de pagar por mis anteriores aciertos.
Me preocupa su ventajosa posición.
Me retiro con rápidos pasos y con movimiento natural*, para hacerle creer que dejo a su alcance parte de mi cuerpo visiblemente herido. Creerá que tiene una favorable ventaja.
Arremete contra mí con fuertes embates de un sable que ha sobrevivido a infinidad de combates. Está escrito en su hoja. Merece mi respeto, aunque he de convencerle de que la victoria le será difícil.
Con cuerpo viejo, lucha como los jóvenes: violenta y temerariamente. Su técnica, es refinada. Su táctica, inteligente. Sus pasos, vigorosos. Sólo el fracaso le hará perder.
Rasgo una de sus piernas. Comienza su marasmo mental.
Quisiera perdonarle. Quisiera preguntarle si tiene familia. Quisiera preguntarle… Pedirle que se fuera. Le prometería que pregonaría que no fue un cobarde. Que fue uno de mis mejores contrincantes. Que demostró que, vivo, podría ser más útil en este mundo. Perder sus conocimientos en los abismos del averno dándole muerte sería la acción de alguien descerebrado que no reconoce lo que es bueno. Enseñar su técnica a principiantes, sería un noble propósito. Despreciarla y perder su vida, una lástima. Por desgracia, más veces ha pasado.
Se hunde en la lucha e intenta demostrarme lo que yo ya sé y doy por seguro.
Detengo sus ataques. He de mantenerme firme en mi único propósito: sobrevivir.
Hoy, conocerá quién le va a dar muerte.
En la encarnizada lucha me ofrece una situación ventajosa al descubrir un trozo de su cuerpo. Contesto con un  revés rasgándole parte. Se detiene y, desvergonzada y atrevidamente, da unos pasos hacia delante para punzarme. Es su última maniobra y un error que me deja desconcertado.
¿Se habrá equivocado? Herido, ¿habrá confundido los movimientos?
Con una parada general* finto y utilizo el giro de mi sable para rasgarle el cuello. Herido mortalmente cae sobre sus rodillas mientras yo lo miro fijamente.
Le pediría perdón, pero para ese hombre, ahora, lo mejor es que sepa que ha luchado feroz y hábilmente. Que merece mis respetos.
Se lo hago saber.
Su rostro, cambia por completo. Las comisuras de sus labios dibujan una leve sonrisa. Muere feliz mientras sus párpados se cierran lentamente para buscar la tranquilidad que ahora necesita. Sabe que lo ha hecho bien y que su honor no quedará mancillado.
Respiro profundamente. Todo ha acabado y yo, una vez más, sobrevivo.
Miro mi sable. Lo limpio con sutiles caricias que dedicaría a la más bella de las mujeres. Él, ha cumplido su cometido. Su espíritu, como el mío, son espíritus gemelos, son espíritus guerreros que posiblemente en un futuro se extinguirán para pasar a formar parte de la historia que se dedicará a los maestros de la esgrima.
El viento, acaricia mi rostro, lo que me recuerda que la victoria forma parte de un todo. De un conjunto que me permite saborear los placeres mundanos a los que, a veces, les doy poca importancia. Me pregunto cómo evitar la lucha y no encuentro respuesta. Sé que la guerra, también forma parte de ese todo y aunque a veces interpelo a la paz nunca he podido evitar el combate.
Un día, todo se acabará.



  • Compás extraño: Paso que se da y empieza con el pie izquierdo, retrocediendo.
  • Movimiento de reducción: El que se hace retirando el arma.
  • Floreo: Vibración o movimiento de la punta de la espada.
  • Estocada de puño: La que se da sin mover el cuerpo, con sólo recoger y extender el brazo.
  • Guardia natural: El que se hace dirigiendo el arma hacia abajo.
  • Parada general: Movimiento circular y rapidísimo de la espada. 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Confucio y el color del gato.


En Palacio, Confucio caminaba sumido en sus pensamientos filosóficos cuando oyó a dos de sus discípulos discutir.
-¿Por qué discutís? -les preguntó.
- Maestro -mostraron sus respetos-. En el granero hemos visto un gato. Yo digo que era de color negro, mientras que él dice que era de color blanco. Lo importante es saber quién dice la verdad.
Confucio, pensativo, acertó diciéndoles:
- No hay que pelearse por nimiedades ni vanidades. No tiene importancia de qué color es el gato. Lo importante es que cace ratas pues esa es su verdadera labor y para eso está en el granero.