martes, 12 de diciembre de 2023

Dadme alcohol.Tributo a Leaving Las Vegas

 

Imagen de Michelle Bryant en Pixabay.
 

Aunque pienses que mi única solución está en la muerte, allá a dónde quiera que vaya seguiré, eternamente, bebiendo. Consecuentemente, borracho. No concibo ni mi vida ni mi muerte sin él. No concibo un arte que sea más bonito como el de emborracharse. Desde su inicio: abrir la botella; hasta el final: tragar hasta caer tendido. Todo un simple arte en el que cualquier mortal puede ser un gran maestro.
Dadme alcohol mientras aún me quede aliento porque si no, allá dónde vaya, vivo o muerto, me buscaré la vida, pactaré con el Diablo si hace falta, venderé lo que quede de mi alma, hasta conseguirlo.
¿Crees que lo hago por necesidad? ¿Por qué dependo de él? Te equivocas. Lo hago por que quiero, lo deseo y por que me da la gana. Es mi placer.
No derrames lágrimas amargas por mí, vacía botellas de exquisito y dulce alcohol hasta que puedas. Es lo que deseo.
Igual que tú necesitas el aire para vivir yo necesito alcohol para no morir.
Igual que tu disfrutas haciendo deporte yo disfruto tambaleándome, cayéndome, levantándome del suelo. Si puedo. Y si no, que más me da.
Igual que tu necesitas tu mente abierta, despejada y la clarividencia yo necesito el caos, la disfunción de mi mente, el dolor posterior y sus efectos.
Crees que hago el ridículo tirado en el suelo derramando mis babas mientras la cabeza me da vueltas y vueltas. Te digo, a ti que te importa. No concibo ni mi vida ni mi muerte sin él. ¿No lo has entendido aún?
¿Quieres saber más sobre mi único deseo? Bebe y sígueme. Las palabras, los actos, de un borracho te lo harán entender.
Su llamada es tan intensa que nadie puede pararla excepto yo, bebiendo y bebiendo hasta acallarla. Y cuando bebo, oigo como un susurro que se desliza en mis oídos sus últimas palabras confirmando nuestra unión y consiguiendo ese único trofeo: la embriaguez.
No caigas en la pretensión de ser mi salvador. No lo necesito. No te necesito.
No intentes detenerme pues evitarás mi único deseo y si pretendes quitármelo obtendrás un enemigo. Así que déjame en paz y déjame disfrutar del néctar de los dioses. Unos dioses conscientes de lo que hacían, de lo que hago, de sus deseos, de mis deseos, que me comprenden y que entienden cómo me siento.
Igual que Adán probó la manzana y perdió el Edén yo probé el alcohol y gané el Paraíso. Si, ese Paraíso extático, difuso, abstracto, doblado, compuesto por el sinsentido y con un único camino y definición: el alcoholismo.
Me emociono al ver la botella, se me eriza el vello al ver el hielo, mis lágrimas se derraman sobre las mejillas al ver el vaso lleno, y para mi mayor satisfacción, una creciente emoción inunda mi cuerpo al deslizarse su dúctil masa por mi garganta. Dadme alcohol. Quiero más. No demores más la entrega.
Para acabar, igual que termino toda botella llena como si fuera una promesa, yo te pregunto, ¿en que te basas para medir mi felicidad? Yo me baso en la cantidad de alcohol que tengo en mis manos. ¿Sabes tú medir tu felicidad? Creo que no.
¿Aún quieres saber más sobre mi único deseo?

 

Leaving Las Vegas - Nunca me pidas que deje de beber...