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| Imagen de Pexels en Pixabay. |
Hace poco estuve en la capital.
No
en Amposta, capital del Montsià, sino en Barcelona.
Cuando
llego a la ciudad, me gusta observar todo lo que sucede a mi
alrededor.
Me
gusta tener consciencia situacional de lo que pasa.
Me
gusta observar a los individuos de la metrópolis.
Casi
siempre veo cosas diferentes que suceden ante mi presencia.
En
la calle capitalista, veo gente que pasa caminando, corriendo,
escuchando música, mirando el móvil, hablando con el aire,
conversando, leyendo el periódico, etc.
Un
tipo con falda buscando por las papeleras.
En
fin...
Algunos,
parecen robots; otros, máquinas de otro tiempo; otros, no tienen el
sentido del ridículo lo más mínimo.
Me
encanta esa diversidad.
Me
deslizo escaleras a bajo hacia el underground.
Durante
el trayecto en metro, observo a las personas que suben y bajan en las
paradas.
Unos,
se quedan de pie; otros, se sientan, ocupando rápidamente un lugar
vacío dejando a personas mayores que disfruten de su fracaso y que
se acuerden aún más de sus dolores, de su cansancio y de que son
viejos.
Humanismo
ausente.
Una
mujer mayor estornuda.
“Jesús”,
le digo.
Se
me queda mirando como si recordase que había un tiempo pasado en que
la educación era la primera norma.
Sigue
el ruido de la máquina desplazándose a toda velocidad acompañado
del silencio de los presentes.
Una
chica toda tatuada, con un corte de pelo extraterrestre, vestida con
una moda aún por llegar, conectada a sus auriculares, tararea una
canción con sus labios mientras desliza sus manos por el aire,
supongo, al ritmo de la canción.
Silencio.
Todos a su bola.
Se
nos acerca una persona de etnia sudamericana. Sus rasgos lo delatan.
Va con un acordeón y un
altavoz.
Se
pone a cantar.
Casi
nadie le escucha.
Acaba
su actuación.
Pide
disculpas si ha ofendido a alguien.
Silencio.
Solo
una persona le da dinero.
Se
va.
Llego
a mi destino y bajo rápidamente.
Me
cruzo con una asiática, supongo japonesa por sus rasgos. Va vestida de "manga".
Adiós.
El
rebaño, ni se inmuta.
Caminando
hacia mi destino, sigo observando.
Llego.
Entro y me siento en una sala de espera abarrotada de gente.
Reflexiono
sobre todo lo que ha sucedido.
Un
punto de unión me atrae: desfile variopinto de modelos corporales.
Surge
una pequeña sonrisa en mis labios.
He
visto pasar personas de todas las culturas, sexos, tallas, tipos, y
no digo colores porque queda mal.
Mucha
diversidad.
Mi
cerebro crítico-reflexivo aún está funcionando.
He
estado observando constantemente personas.
Sí,
de acuerdo.
Solo
me ha llamado la atención una cosa: no he encontrado ninguna mujer u
hombre tipificado modernamente como “el estereotipo de modelo”.
Si,
esa persona que sale en las pasarelas, desfiles o como quiera
llamarle.
Esa
persona “prototipo” que los grandes, o no tanto, de la moda los
utilizan para mostrarnos su nueva creación.
Me
digo: durante horas, he estado por una gran ciudad y no he visto a
nadie que se le asemeje, ni de cerca, a ninguna de esas personas.
A
los modelos, quiero decir.
He
visto cuerpos pequeños, regordetes, gordos, gráciles, enjutos,
nervudos, robustos, gruesos, rollizos, extremadamente delgados,
altos, bajos… De todo menos a los que me refiero.
Entonces,
pienso: ¿a quién representan esos modelos? Porque no he visto
persona similar a las que salen en esos desfiles de alta costura a
los que ni a usted ni mí nos verán con nuestra presencia.
Entonces,
volvamos, ¿a quién representan?
Bueno,
a alguna parte del conglomerado de personas que vivimos en el mundo,
supongo.
Bien.
Por si no lo sabe, existen tres tipos de cuerpo: ectomorfo, endomorfo
y mesomorfo.
Cada
uno tiene su morfología.
Por
sus características, el ectomorfo, correspondería al de los
modelos: altos, delgados, extremidades largas, hombros estrechos, de
poco peso.
Guapo
o feo, no va con el tipo de cuerpo.
¿Se
da cuenta? La realidad se aleja de esa ficción creada que circula
por el mundo de las pasarelas que parecen querer representar a solo
una tercera parte de los cuerpos humanos.
Surgen
las preguntas.
¿Por
qué no utilizan personas normales?
Ojo,
normales lo somos todos.
Al
decir normales quiero referirme a un tipo de cuerpo que nos
represente a todos, o a casi todos.
Me
lo voy a inventar.
Un
“endo-ecto-meso-formo”.
Lo
siento, no existe.
Si
existe una mayoría, de 2 a 1, “endo” y “meso” contra “ecto”,
¿por qué no se los representa en esos desfiles?
¿Qué
hay detrás de la mente de esos organizadores de desfiles de moda
para elegir solo al “ecto”?
¿Qué
motivos impulsan a elegir solo un tipo de cuerpo?
¿Se
hacen esos vestidos solo para el “ecto”?
Los
demás, ¿no nos los podemos poner?
¿Solo
es rico o inmensamente rico el “ecto? Entonces, ¿solo los compra
el “ecto”?
Esos
vestidos tan caros, claro.
Igual sí, digo yo.
Lo
preocupante es que eso va más allá.
Películas,
series, propaganda, casi todos utilizan al “ecto” como modelo de
éxito.
Los
estadounidenses, los que más; los europeos, y concretamente lo
españoles, no tanto.
Se
acuerda de actores de los setenta u ochenta como Fernando Esteso,
Martínez Soria, Alfredo Landa, Rafaela Aparicio, Florinda Chico, el
gran José Luís López Vázquez, Gracita Morales, Álvaro Vitali, Peter
Sellers…
No
eran ni de cerca del tipo “ecto”.
Ahora, no tendrían cabida.
En
el tiempo, hay un eslabón perdido en el que se decide elegir al
“ecto” como modelo a seguir.
¿La
creación de James Bond y sus bellas mujeres rompió con el esquema?
¿Ese es el eslabón?
Ni
idea. Igual sí.
¿Qué
ha pasado desde entonces hasta ahora para que el “ecto” haya
ganado la presencia tanto en el mundo de la moda como en el de la
pantalla?
Lo
desconozco. Igual hay alguna explicación científica.
Señores
del cine y de la moda, les pregunto: el héroe, el protagonista, el
que más sabe, el más ágil, el erudito, el guapo, el moderno, el
que viste bien, ¿solo tiene el cuerpo “ecto”?
Creo
que no.
¿Usted
se imagina un siglo XXI en el que se pudieran ver desfiles de moda
con los tres tipos de cuerpos?
Películas,
propagandas, desfiles de moda con la diversidad existente de esos
millones de tipos de cuerpo que deambulan por el mundo que se merecen
un respeto y una representación.
¿Poder
llegar a ver en la pantalla héroes que se alejasen del estereotipo
ectomorfo y de lo perfecto, guapo, educado, serio e inteligente?
Tampoco
quiero que nos represente un Torrente.
Nadie
quiere decir que ahora tengamos que ser obesos, dejados, sucios y
malolientes.
Seamos
serios.
Me
refiero a las personas normales, del montón, de las que se ven
diariamente por todos los lugares, sitios y mundos con sus cuerpos
que se alejan del estereotipo.
Personas
que van por los andamios, limpiando las calles o las casas, en los
talleres, en el mercado, en las oficinas, en los colegios, en el
campo, sirviendo en los bares, taxistas, camioneros, butaneros...
Quien
sea y donde sea.
Con
todo respeto, a esos me refiero.
Los héroes de verdad.
¿Qué
pasa, que esos cuerpos no se visten? ¿Esas personas no protagonizan
una vida? ¿No pueden ser héroes?
El día que se estrena una película con un héroe obeso o fuera de lo "ecto" entonces es del género de comedia o risa.
Vaya hombre.
Para partirse, vamos.
Esperemos
que las cabezas pensantes se den cuenta del daño que han hecho y
están haciendo al querer hacer creer a las generaciones que se dejan
influir con solo un clic electrónico o con la visualización de un
vídeo que solo la representación de lo que es humano está creado,
adaptado y solo lo puede hacer un cuerpo ectomorfo.
Esperemos
aceptaciones de la diversidad y los pertinentes cambios en las
pasarelas, en la pantalla y donde sea hacia modelos más
representativos de la humanidad.
Volveré
a la urbe. Veré diferentes tipos de cuerpos y creeré firmemente en
la diversidad y su falta de representación.
P.D.
Como marca la RAE
he utilizado el género masculino para aludir conjuntamente a ambos
sexos y no tener que poner masculino y femenino constantemente al referirme a las personas..